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lunes, 9 de septiembre de 2013

NOCHE DE LUNA


     Y dio media vuelta como si hubiera recibido una orden militar, automática. Irguió la cabeza, sonrió dirigiendo sus pasos hacía el borde del estanque y se detuvo ante su imagen en el agua, la luz de la luna confería un halo fantasmal al reflejo. Una polilla, en su confusión lunar, equivocó el camino, rozando con su torpe aleteo la tersa superficie que onduló bajo un chisporroteo de escamas y gotas. La luna tembló como si se ahogara, y despertó.

jueves, 21 de febrero de 2013

LLOVIENDO ROCAS

¡Cuidado!, no te pongas debajo
   
   Entiendo perfectamente lo que ocurre cuando un tonto tiene a su alcance el Boletín Oficial del Estado (BOE). Lo primero por lo que le da es por elaborar leyes, reglamentos y normas y empezar a publicarlas para que sean de aplicación inmediata, pues según la ley, hasta que no son publicadas en el Boletín no tienen efecto legal. Lo segundo que ocurre es que hay un montón, pero un buen montón de listos que tienen al Boletín como lectura de cabecera. 
   A través del que se enteran de lo que sus amigos han ido pergeñando a conveniencia de ambas partes. Pueden ser expropiaciones de tierras para hacer autopistas de peaje ruinosas que, con el cuento del bien común, se malbaratan para beneficio de unos pocos; puede ser un decreto ley cualquiera que beneficia a un grupo de presión: bancos, petroleras, eléctricas, distribuidores, constructoras...; puede ser una subida de impuestos generalizada; una ley concreta que beneficia a un colectivo determinado; incluso la publicación de una infracción de tráfico que atañe a un particular. 
   En los años de la dictadura el BOE era utilizado por los pudientes para encontrar oportunidades de negocio, por ejemplo enterarse de donde se iba a construir un pantano, una carretera, una línea de tren..., y comprar tierras a bajo coste para luego venderlas al Estado, a veces con la complicidad del propio ministro o ministerio de turno. 
  Lo que quiero decir con esta bobada que se me ha ocurrido oyendo decir al PP que "Faltaron y fallaron controles y se relajó la exigencia ética", es que la mentira es la coartada de la corrupción. O bien se oculta directamente la falta o se falsea. 
   Como ya dije en un anterior post es más cómodo ocultar la mentira, pues luego se tienen más opciones para justificarla: "no lo sabía, no estaba enterado, no me consta, pensaba contarlo más adelante, no lo recuerdo..." Si se miente directamente y uno es pillado en la mentira solo quedan tres pasos: negar, aceptar o ignorar los hechos. 
   El partido que sustenta el gobierno lo ha intentado todo. Primero ocultando las cosas; más adelante justificándose con las excusas propias de ese modo de mentir; después negando la realidad de los hechos con más mentiras; y por último es que han fallado los controles y la ética. 
   Lo cierto es que se han ignorado los controles; se ha infringido la ley a sabiendas; se han cometido delitos; se ha procurado trato de favor a determinadas personas y empresas; y ha existido una absoluta falta de escrúpulos y ética. Todo ello con la presunción de inocencia por delante y ante todo, faltaría más.

jueves, 14 de febrero de 2013

FIN DE FILM

   El haz de luz del proyector sobre la pantalla se vio interrumpido por la silueta del rechoncho hombre de negocios que, sin ningún miramiento, se interpuso sobre los títulos de crédito. Sonó un disparo en dolby haciendo que la sombra se doblara sobre si misma.


sábado, 26 de enero de 2013

UNA EJECUTIVA AGRESIVA

   Aculeo introduce el pen drive en el puerto USB de la copistería y le pide a la dependienta que imprima todos los documentos. Dos folios son su curriculum vitae, y los otros veinticinco un exhaustivo informe personal y comercial de la persona con la que tiene una cita de trabajo. Es deseo del cliente que se lo entregue antes de disparar. 
   El móvil suena justo a las diez de la mañana, mientras se zampa un pincho de tortilla y un café con leche en la barra de Lhardy. Una voz femenina, bien entonada y con exquisita amabilidad le recuerda que tiene una cita con la señora directora de la afamada empresa Global Brains & Associated. Su deseo es confirmar la entrevista y almuerzo en la residencia privada de la señora directora, situada en una zona residencial de la sierra madrileña. Aculeo confirma la cita, a la vez que transmite sus saludos. En una tienda cercana se hace con un maletín de afamado cuero en el que introduce los bien encuadernados documentos; también adquiere un abrigo que le confiere el empaque necesario como ejecutivo en venta de alto standing, en venta, que no de ventas. Entra en un parking y espera unos minutos a que aparezca un BMW o un Mercedes de alta gama con un mequetrefe a bordo. No tarda en llegar un gafitas conduciendo un ActiveHybrid 7, 320CV a 5.800 rpm, una joya de casi cien mil euros. Justo cuando sale del coche y se dispone a cerrarlo, Aculeo le planta el cañón de la SIG en la incipiente barriga y le pide, no sin sorna, que abra el maletero y se meta dentro. El mequetrefe obedece, se tumba en posición fetal y recibe un disparo en la sien. Aculeo extrae el ticket del parking del bolsillo de la chaqueta, coge las llaves del coche de la mano derecha del muerto, cierra el maletero y montándose en su nuevo coche, arranca y sale del aparcamiento, gratis, no han pasado ni cinco minutos desde que entró. 
   Introduce la dirección en el navegador y conduce, con el placer debido, camino de la finca La Dehesa, donde, al parecer, le van a ofrecer un contrato que no podrá rechazar. Al hijoputa le gustaba la buena música. Así, con la suavidad del saxo de Coleman, sale de Madrid.
   "Finca La Dehesa", dice una placa de bronce sobre uno de los pilares de granito, el de la derecha, que soportan una puerta con barrotes de hierro forjado; unos metros antes, a la izquierda, hay un poste con un portero automático que hay que pulsar para que le abran a uno la puerta, preferiblemente con cita previa. 
   La señora directora sale en persona a recibir a Aculeo. Le saluda con una afectuosidad propia de los que se consideran de la misma clase. Es una mujer madura, enérgica, campechana... "Espero que podamos cerrar un acuerdo satisfactorio para ambos". Va al grano. Atraviesan un hall por el que se accede a un salón con grandes ventanales que dan a un porche acristalado, desde el que se disfruta de un jardín al estilo inglés. Hay una mesa dispuesta para dos comensales, y al lado unos cómodos sillones de cuero, uno en frente del otro, con una mesa baja exagonal de madera, puede que de nogal o roble, con incrustaciones de nácar, entre ambos. Toman asiento cada uno en un sillón. La directora le ofrece un jerez que Aculeo acepta, abre el maletín y le entrega su curriculum que ella lee durante unos minutos con atención. Luego levanta la cabeza y le mira con una gran sonrisa que apenas deja ver sus ojos: "Impresionante", le espeta. Él, que también sonríe, le dice..., "¿verdad qué lo es?, por otra parte, no es más que la confirmación por escrito de lo que ya sabían. Tengo para usted otro documento aún más impresionante que, si me permite, le voy a mostrar". Y volviendo a abrir el maletín saca el informe y se lo entrega. "Me gustaría que lo leyera con toda su atención. En el mismo se desgranan una serie de hechos, todos confirmados y contrastados por diversas fuentes, de su actividad en los últimos años, y las graves consecuencias que han tenido para mis clientes. Éste es el verdadero motivo de que me encuentre aquí". La directora coge el documento y comienza a leerlo; Aculeo se pone en pie con su copa de jerez en la mano y pasea por el porche, observando los podados rosales y los senderos terrosos que se bifurcan entre los setos del jardín. "¿No entiendo, a que viene...?" Se detiene, la pistola le apunta directamente a la cabeza. "Es muy simple -le responde Aculeo-, usted ha estado obteniendo y facilitando un beneficio ilegitimo durante años. Ha percibido grandes sumas de dinero, y producido un gran quebranto a muchas personas; no va a disfrutar de ello ni un minuto más. A mi también me pagan por impedir que siga haciendo lo que ha hecho". Un estampido seco alborota a los pájaros del jardín, que revolotean, indecisos, entre los árboles durante unos segundos.


Sympathy For The Devil 



 
 

viernes, 25 de enero de 2013

EL CAZADOR DE CABEZAS

   En la arena húmeda quedan las huellas de sus pies desnudos, borradas por el vaivén de las olas que  mueren en el borboteo de la resaca. La luz del crepúsculo alarga su sombra sobre la playa en una delgada linea negra que se abre y cierra como los brazos de un compás que dibujase la nada. Al llegar a las rocas que señalan el final del arenal se vuelve; sobre la  línea del horizonte, un sol sanguina se oculta definitivamente en un rescoldo cenizoso que prefigura la noche. Siente la soledad del mundo, la acechante soledad del cazador en rececho. 

Al abrir la cuenta de correo encuentra un mensaje nuevo:
De: The head hunter
Para: Aculeo
Enviado: viernes, 25 de enero de 2013 11:45
Asunto: Pieza a la vista
   
   Hay un archivo adjunto con la foto de una mujer y la palabra target escrita en el centro. Aculeo elimina el mensaje y la cuenta de correo. Sale del ciber y camina hacia la estación de autobuses. Saca un billete de ida dirección Madrid y se sienta a esperar. Al llegar, sin necesidad de salir a la calle, enlaza con el metro y se dirige al centro, a un apartamento que rara vez visita. Ya es de madrugada, abre el portal y sube las escaleras hasta el segundo piso. De las dos puertas la suya es la de la derecha; entra, deja la mochila sobre un sillón de los de Ikea, observa con meticulosidad todos los objetos: una mesa, dos sillas, un sofá cama y sobre una repisa, enfrente del sofá, una televisión. Hay una cocina diminuta separada del salón por un mostrador. Una puerta da acceso al cuarto de baño. Se ducha y afeita. Vuelve al salón, enciende la tele y se sienta en el sofá, enciende un cigarrillo que inmediatamente deja sobre un cenicero y que terminará por consumirse solo. Se tumba, quedándose dormido casi de inmediato. Le despierta la alarma del reloj cuatro horas después, la tele sigue encendida. Una mujer desgrana las noticias sin emoción, la apaga. Empuja unos centímetros el sofá y levanta un par de tablas del entarimado. Saca un macuto rectangular de color caqui, en su interior hay un paño blanco de algodón que envuelve una SIG Sauer P226 9 mm parabellum y 15 cartuchos. La desmonta y limpia a fondo, incluyendo cada uno de los proyectiles con sus correspondientes vainas; luego vuelve a montar el arma dejando un cartucho instalado en la recámara. 

martes, 22 de enero de 2013

EL SUEÑO DE ACULEO

   Se tiró sobre la blanca y fina arena que enmarcaba, desde lo alto del acantilado, la playa, dejando que el sol en toda su plenitud de final del invierno calentara sus fríos huesos de asesino a sueldo, y soñó. 
   Un monstruo informe y sin nombre aparece al comienzo de una colina; antes de eso, Aculeo camina alegremente entre un paisaje de belleza onírica, tiene la intuición de que tras la colina a la que se dirige hay algo que le gusta, que le espera y que el espera encontrar. Sin saber por qué, comienza a correr con un trotecillo saltarín y alegre que le lleva en volandas entre verdes prados y el amarillo del sol; sorteando las musgosas rocas y las salicarias que crecen a la orilla de los arroyos que, con los soñadores y volanderos pies, salta cual duende verde de los bosques, pero... ¡ay! ¿Qué es esa sombra que se cierne amenazante a su espalda? ¿Qué, aquello que lo envuelve todo de tonalidades grises? ¿Dónde ha ido a parar la alegría del color? El paisaje sufre una inmediata transformación que impele a Aculeo a correr y enfilar la pendiente de la colina, ahora oscura y tenebrosa. Se gira y ve al monstruo, ahora león, ahora grifo, o una mezcla de ambos. ¡Corre, corre Aculeo!, se dice en el sueño, mientras las fauces detrás de él se abren y cierran con un terrible sonido; babeantes, provistas de enormes dientes dispuestos a despedazarle si tropieza o se para. ¡Corre, corre Aculeo! Y logra unos metros de ventaja a la vez que la colina desaparece y sus pies pisan una estrecha senda con abismos a los lados, como sustentada en el vacío. El monstruo no ceja en la persecución. De improviso el camino se acaba, abajo, a sus pies, esta la salvación que se extiende plena de luz y color. La fiera esta a punto de alcanzarle y presiente su fin, no hay escapatoria. El monstruo salta sobre él con las garras extendidas, rugiendo de maldad, justo en el momento que Aculeo se lanza al vacío y vuela, vuela, recordando que siempre ha sabido volar. Le inunda un gran alivio mientras planea sobre las montañas pobladas de pinos, deslizándose como un planeador sobre los valles perfumados. Le inunda un placer mágico mucho más real que la pesadilla que acaba de sufrir. Tras las montañas se adivina una línea verdosa que se disocia del azul celeste, allá, en el horizonte. Todo su cuerpo volador, ahora transido de placer y felicidad, con todos sus miembros intactos y etéreos, se dirige hacía ese verde marino. Su vista de pájaro alcanza el litoral, y, al igual que las aves, sobrevuela los acantilados. Sobre una playa desierta ve un cuerpo desnudo, tendido sobre la arena...
   Las olas llevan unos minutos lamiendo los pies de Aculeo, hasta que una, con algo más ímpetu que las otras, hace estallar su espuma  en su bajo vientre y le obliga a despertar. Sobre su cabeza un cielo azul, pulcro, impoluto, y el recuerdo de un sueño.

miércoles, 16 de enero de 2013

MUERTO IN FRAGANTI

"...Díjose entonces Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y a nuestra semejanza, para que domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados y sobre todas las bestias de la tierra y sobre cuantos animales se mueven sobre ella. Y Dios creó al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra... (Génesis. Sagrada Biblia)" Así, gracias al Verbo, algunos miles de años después surgió Aculeo del barro, más como Golem que como ser humano, sin que la imaginación del hagiógrafo lo hubiera tenido en cuenta ni hubiera previsto que tal cosa pudiera suceder.
Ya es bien entrada la noche cuando Aculeo, al volante del Mini musculoso y juguetón, atraviesa uno de los arcos que avisan al viajero de que entra en Marbella. Baja unos centímetros la ventanilla del lado del conductor y deja que el humo del cigarrillo escape veloz por la rendija, junto con algunas notas musicales que  vuelan, invisibles, entre el olor a jazmín y perfume de mil euros el frasco que se cuela, a cambio, en el interior del habitáculo. Como siempre, el encargo no especificaba nada sobre la forma o modo en el que tenía que morir la víctima, solo aclaraba que cuanto antes mejor. La urbanización de altos vuelos se encuentra alejada de la diversión portuaria y los exclusivos clubes y yates,  rodeada de amplios y perfumados jardines, todo un mar de tranquilidad.
Aparca el coche lejos y con su pinta de mochilero internacional, mochila incluida a la espalda, se dirige a unos de los pocos edificios altos de los alrededores. Sube a la azotea, elige su posición y observa a través de los prismáticos la amplia terraza cubierta hasta la mitad por un tejado de cocidas tejas rojas del mejor barro para ricos. Setecientos dieciséis metros, centímetro arriba o abajo. Saca de la mochila el rifle Heckler & Koch PSG1 y lo monta sin prisa; lo fija al trípode y apunta hacía el objetivo. Son algo más de las tres de la madrugada; Hay silencio, salvo la brisa marina que trae los acordes de alguna lejana melodía bailable y el canto de algún mirlo insomne. Unos minutos antes del amanecer el ojo de Aculeo observa a través de la mira telescópica los objetos inanimados que habitan la terraza. Dos tumbonas de teka, una mesa y cuatro sillas de la misma madera; dos macetas con sendas y gemelas palmeras enanas. La puerta corredera de la terraza, abierta una cuarta, deja escapar el velo de una cortina blanca que se mueve por efecto de la corriente. Una mano empuja la puerta y da paso a un individuo de estatura media que, en pantalón blanco de lino y con el torso al aire, porta una taza de café en la otra. Se detiene unos instantes y mira a lo lejos, debe estar viendo la raya marina del horizonte, más allá de los tejados; avanza unos pasos y se sienta en una de las sillas. Ofrece un perfil somnoliento, despeinado y satisfecho. Aculeo fija la mira justo a la altura de la parte superior de la oreja izquierda, dos centímetros en dirección a la nariz. Dispara y ve, con toda claridad, tal y como ocurre en el cine, el impacto del proyectil contra la sien y la cabeza que sale del plano del punto de mira por la potencia del impacto, y porque esta muerto. A Susan Sontag no se le hubiera ocurrido escribir algo así. 

lunes, 14 de enero de 2013

QUID PRO QUO

Hace muchos años, sentado en un asiento de laminas de madera contrachapada de un viejo autobús, y viajando por un lejano país que ahora ya no aparece en los mapas de geografía contemporánea, me pareció reconocer el rostro de un viejo compañero de armas. La memoria es frágil y hay que ser un buen fisonomista. Durante unos minutos le observé a ratos; primero me sonó su cara, mi mente se puso a buscar en su archivo de memoria el motivo de ese reconocimiento confuso; después activé la carpeta de voz. La imagen y la voz se superponían, coincidían. Me senté a su lado una vez seguro de que los datos eran correctos. "Disculpa, me llamo Aculeo y creo que te conozco. ¿No eres Martín?" El tío se me quedó mirando y me dijo que no, el no era Martín; tenia otro nombre que ahora no recuerdo. Insistí, claro, mi seguridad era total, y a pesar de su negativa pensé que, o bien él no me recordaba o tenía que refrescar su memoria. "Si hombre- le dije-, estuvimos juntos en el avance y posterior toma de la ciudad de Mâbro, te hirieron en una pierna y te llevé a un lugar protegido, hasta que encontré a un sanitario. ¡Joder!, si hasta te hice un torniquete". Nunca he estado en la guerra ni en el ejército, fue su respuesta. Durante unos segundos permanecí en silencio para recomponer, de nuevo, mis recuerdos. "Pues eres su hermano gemelo..., bueno, te pido disculpas, he debido confundirte". Lo siento, dijo. Por aquel entonces se fumaba en los autobuses, así que encendí un cigarrillo y no abrí la boca hasta que se levantó para bajarse en una de las paradas. "Adiós", se despidió. No respondí, tan solo elevé la cabeza y sonreí; aún rumiaba, abstraído,  mi error. Cuando el bus arrancó, tal vez por instinto o por la costumbre, miré hacía donde los pasajeros se habían bajado. Le vi caminar, y me parece, ahora ya es un recuerdo mucho más difuso que su rostro, que cojeaba un poco de una pierna.


sábado, 12 de enero de 2013

OTRA MUESCA

El gran niño bien de la política se estremeció como un conejo cuando le alcanzaron los electrodos de la Taser. Cincuenta mil voltios con una intensidad de tres miliamperios le dejaron paralizado el tiempo suficiente  para sujetar las muñecas con una brida y tapar su boca con un pedazo de cinta americana. Le arrastró hasta la ventana del baño, situado en la planta baja del hotel donde se celebraba el banquete, aún llevaba la bragueta desabrochada, lo elevó agarrándolo de los muslos y lo apoyó sobre el abdomen en el pretil de la ventana; saltó por encima, ya desde el suelo de la calle, tiró de él hasta dejarlo tumbado en la acera. Abrió el maletero del jaguar y lo metió dentro, no sin antes sujetarle los tobillos con otra brida que unió con una tercera a la de las muñecas. Un sonido sordo salió por sus fosas nasales, sin que Aculeo hiciera o dijera otra cosa salvo cerrar el maletero.
Condujo el coche hasta los Montes de Toledo, cerca del Parque Nacional de Cabañeros. Antaño toda aquella zona, unas doscientas mil hectáreas, fue propiedad de los Aznar, importantes navieros e industriales asentados en Bilbao. Aculeo poseía una finca de unas pocas hectáreas; un pequeño arroyo que iba a parar al río Bullaque pasaba por sus tierras; bien provista de encinas, quejigos y hasta una alameda. Cerca del arroyo y arropada tras un promontorio había una casa de labor que adecentó años atrás. Allí detuvo el coche, bajo un emparrado de uvas moscatel que algún labriego había plantado muchos años antes.
Abrió el maletero, cortó las bridas de los tobillos y la que los unían a las muñecas, ayudandole a salir. Estaba entumecido y mareado, se había orinado encima y no coordinaba bien. Aculeo espero unos minutos a que recuperara el aliento, tampoco era cuestión de cargar con él hasta el interior de la casa. Le agarró de un brazo para indicarle el camino, el prócer se incorporó y caminó, trastabillando un poco hasta la parte trasera de la casa, donde había una especie de almacén con un techo de tejas y una gran viga central de castaño que sustentaba toda la estructura. De la viga colgaba una cuerda de nailon del tipo que usan en escalada que acababa en un nudo corredizo, pasaba a través de una polea y terminaba atada a una argolla fijada en la pared. Le ordenó que se sentara en el suelo, le ató el nudo a los tobillos y tiro de la cuerda hasta dejarlo colgado boca abajo; despegó de un tirón la cinta de su boca arrancando unos cuantos pelos del bigote y la barba. Encendió un cigarrillo y se le quedó mirando.
-¿Es un secuestro?- Dijo con carraspera.
-No,  será un asesinato, ¿quieres decir algo?
-¿Por qué lo hace?
-Es un encargo.
-¿Sabe quién soy?, ahora mismo me estarán buscando con todos los medios posibles. Dígame cuanto le pagan y le doblo, le triplico la cantidad.- Aculeo siguió fumando, sin responder nada.
-Tengo mujer, hijos, nietos... Nunca he matado a nadie, no merezco ésto..., ¿quién le paga?- En su voz se notaba la falta de esperanza.
-Me pagan personas como tú. Ellos también tienen esposa, hijos, nietos..., creo que miran por su futuro.- Dio una chupada al pitillo, expulsó el humo y le cortó el cuello. 

miércoles, 9 de enero de 2013

¿PERSPECTIVA O ANCHOAS?

A veces escribo el título primero y al terminar el post lo cambio; otras veces comienzo a escribir y título al final. Planificar los acontecimientos futuros es propio del ser humano, es así hasta donde alcanzo a saber pues desconozco si existen otros animales capaces de pensar y actuar de este modo.
Me propuse seguir a Aculeo en un día cualquiera y trasladar al papel blanco del ordenador lo que mi pericia fuera capaz de llevar a cabo sin poner en riesgo mi vida. Ustedes pensarán que para mi es fácil, ya que soy el creador del personaje y solo tengo que escribir lo que buenamente vaya surgiendo de la imaginación, y que nunca correré verdadero peligro porque todo es ficción. Lamento decirles que no es así. Antes de ponerme al tajo he tenido que limpiar unas anchoas, algo que me da bastante asco: descabezar, meter el dedo y sacar las tripas, lavarlas, escurrirlas y, siguiendo el consejo de..., ponerles sal y limón, sin quitar las raspas (demasiado trabajo) y dejarlas macerar un poco antes de enharinarlas y freírlas. Desde la ventana puedo ver a Aculeo sentado en un banco, fumando un pitillo y departiendo, parece que amigablemente, con algunas personas que mondan pipas en la fría tarde. Debe medir algo más de un metro ochenta; viste una cazadora de cuero marrón con el cuello de borrego, no sé si parece un motero o un aviador de los años treinta. Lleva puesto un pantalón vaquero azul, algo desgastado y calza unas zapatillas o zapatos de cuero, en la distancia no logro adivinar cual de las dos cosas es. Se le ve en forma; sus movimientos son lentos, se me antoja un tranquilo felino dispuesto a saltar sobre cualquiera en cualquier momento, diría que un leopardo. Borges gustaba del tigre, algunos egipcios del guepardo como animal de compañía y una gran mayoría tienen al león como ejemplo. 
Le da la mano a uno de los contertulios, se levanta y se despide del resto con un ademán. Momento que aprovecho para salir detrás de él con tanto sigilo como soy capaz, que no es mucho. ¿Las anchoas?, ahí se quedan con su perfume a limón. Camina sin prisas, erguido; lleva cubierta la cabeza por un gorro de lana de color negro, las manos en los bolsillos, de cuando en cuando se para ante un escaparate, aunque no creo que mire nada de lo que hay tras el cristal; por si acaso me detengo a una prudente distancia, reanudando la marcha segundos después de él. No sabría decir que edad tiene, lo mismo pueden ser treinta y cinco que cincuenta; si observo que algunas mujeres con las que se cruza le miran, por lo que deduzco que es poseedor de algo que llama la atención. Tomamos por una calle menos concurrida, lo que provoca que un escalofrío me recorra la espalda y dude si seguir adelante o darme la vuelta. "¡Qué carajo"!, me digo, puedo parar en cualquier momento. Se mete en una cafetería con aires de señorío, y yo paso de largo mirando por el rabillo del ojo intentando ubicar su posición en la misma. Dejo que pasen unos minutos y entro también. Aculeo esta sentado en una mesa, toma una cerveza y ojea un periódico. Me acodo en el mostrador y pido una caña, echando de menos un espejo. Justo cuando me llevo el vaso a los labios una voz a mi espalda me pide fuego; su tono es pausado, agradable, un poco grave. Me vuelvo para decirle que la ley prohíbe fumar en establecimientos públicos no adaptados... Saco el mechero y, para evitar que note el temblor en mi mano, se lo doy. Gracias, me dice y añade..., ¿por qué no te vas y fríes los boquerones?

martes, 8 de enero de 2013

REFLEXIONES DE UN ASESINO

Siempre me ocurre lo mismo después de matar a alguien. Me invade una sensación de vacío, una negación del yo, un aburrimiento de mi mismo y una desconsiderada apatía sobre lo que significa mi paso por la vida. Apatía que nada tiene que ver con el deseo de morir, sino más bien con una indiferencia inane a los placeres cotidianos como la comida, la higiene o las buenas costumbres. Si, me dejo llevar por la abulia, por supuesto no en un sentido definitivo como podría ser el de esas personas que acumulan objetos inservibles en su casa hasta convertirla en un estercolero y que se conoce como el síndrome de Diógenes, algo que nunca he llegado a entender, porque el Diógenes al que me refiero es Diógenes de Sinope, conocido filósofo griego al que nunca le preocupó la propiedad de nada y menos aún la acumulación de basura, pues vivía en la calle y tenía una tinaja por refugio. Tampoco se puede decir que me afecte el "síndrome" en el sentido de abandono y soledad social; no estoy solo ni lo pretendo. Todo lo contrario, me gusta la compañía de otras personas, si no para relacionarme con ellas en todo momento, si para observarlas en su devenir diario, por ejemplo mientras disfruto de un café o una cerveza sentado cómoda y displicentemente en una terraza y veo pasar ante mis ojos el teatro de la vida con sus personajes tan verídicos y tan falsos como en el mismo escenario. Lo que si tengo es la certeza de ser un asesino atípico, ello no me hace mejor que otros asesinos anteriores o contemporáneos, puede que ni siquiera diferente, pues a buen seguro pululan por esta tierra y tal vez, solo tal vez, en otras partes del Universo, seres parecidos o al menos con inclinaciones y prácticas similares, por lo tanto soy atípico por lo poco común, no por se único; sería ser presuntuoso y egoísta por mi parte creerlo de otro modo. 
Mi nombre es Aculeo, que en latín significa "poco amigable". Naturalmente es un nombre ficticio, buscado ex profeso para que se acomode a la profesión que, sin atisbo de arrepentimiento o moral, practico como medio de ganarme la vida, del mismo modo que otras personas pueden ser torneros, enfermeras, zapateros remendones o damas dedicadas a la filantropía. En el fondo poseo un profundo amor al género humano, solo trabajo por encargo y, con el paso del tiempo me he percatado de que soy capaz de amar y ser amado como cualquier otro, y tan tierno como un cachorro. 


sábado, 5 de enero de 2013

CALCETINES EN LA CHIMENEA

¿Por qué tendría que tener escrúpulos a la hora de aceptar este encargo? El mensaje decía claramente que el asesinato debía llevarse a cabo en la Noche de Reyes, o sea, cualquier instante después de las doce de la madrugada. El objetivo: un miembro del gobierno con rango de ministro, a elegir. Casi un magnicidio. "Cualquiera podría imaginar lo que diría la prensa al día siguiente, la digital, porque la impresa no publicaría  nada hasta pasadas veinticuatro horas, la crisis no perdona. Aunque el revuelo en radios y televisiones sería más terrorífico que el asesinato en si. A fin de cuentas solo es un muerto más. ¿Cuántos reyes, príncipes, presidentes, primeros ministros..., han sido asesinados a lo largo de la historia? El mundo continúa su camino tras la algarabía y los hechos quedan para la historiografía. El derecho, la política y la estadística son estudios que acaban estando relacionados. El poder necesita abogados, expertos en política y hábiles en el manejo de la estadística; la combinación de estos conocimientos es útil para manejar los resortes del poder de cara a la opinión pública, ya que el "público" es visto como un conjunto uniforme en el que se puede influir a través de actuaciones y declaraciones que orienten su aquiescencia a las medidas que el gobernante toma, enfrentando a los partidarios con los que no lo son, pero ocultando a la visión general los verdaderos motivos de las decisiones..." Ahí dejó de leer. 
De su juvenil etapa como novillero, Aculeo guardaba los trastos de matar en un bello estuche de cuero repujado; sacó la puntilla que tantas tardes de sinsabores le acarreó y la guardó en el bolsillo de un viejo y amplio gabán con el que pensaba ensombrecer la noche en la urbanización de alto estanding a la que se dirigía. Organizó una pequeña distracción tres casas antes, con un puñado de petardos y un poco de gasolina que explotó sobre la puerta de una de ellas. Los policías de servicio acudieron e informaron. El sistema de retardo del ingenio le permitió pasar desapercibido, bastaron unos pocos segundos. Saltó la valla, entrando en la casa por una ventana del sótano oculta a las miradas del exterior; subió con cautela las escaleras y escuchó los pasos apresurados en la planta baja. El objetivo se había asustado. Los policías ya estaban de vuelta, daban instrucciones y calmaban, lo mejor que podían, al que ya se podía considerar muerto. La puerta de la calle se cerró de nuevo. Unos pasos cansinos, que se adivinaban en zapatillas subían unas escaleras. Aculeo abrió con sigilo la puerta que daba paso, desde el sótano, a un hall que ejercía las veces de distribuidor. Por una de las puertas se vislumbraban las luces parpadeantes de un árbol navideño y un señorial belén en el salón principal. Del mármol blanco de la chimenea colgaban dos pares de calcetines. Subió las escaleras más silencioso que un ratón de cuento navideño. Hasta sus oídos llegó el inconfundible sonido de la orina masculina sobre el agua de la taza del váter. Sacó la puntilla. De píe, con la bata abierta, había un hombre orinando. Con la mano izquierda le tapó la boca, mientras con la derecha le daba la puntilla, introduciendo el arma hacía arriba, desde la base del cráneo, hasta el mango. Giró dos veces el instrumento de descabello, a izquierda y derecha, sujetó el cuerpo con firmeza y delicadeza, dejándolo caer con suavidad y sin ruido sobre el suelo ajedrezado del cuarto de baño. Salió por donde había entrado. Otro artefacto estalló un poco más arriba que el anterior..., camino despejado.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

MALA SUERTE


Cuando el fotógrafo disparó, no estaba allí. Semanas antes, o tal vez una vida entera anterior a todas las vidas que ya había vivido, Fulgencio Orestes había muerto víctima de su propia aventura vital. Primero fue mordido por una venenosa serpiente; unos metros después le alcanzó un dardo bañado en curare, y..., antes de que pudiera vislumbrar la cerbatana que lo había lanzado un disparo le alcanzó en la espalda. El proyectil le partió el corazón, muriendo allí mismo, consciente de su mala suerte.

sábado, 22 de diciembre de 2012

LA FECHA MAYA

Un viento frío y cortante dio en el rostro de los asistentes a la recepción de Navidad en el Palacio Real cuando salieron de nuevo a la calle tras padecer los fastos del día. Un día tedioso de frac, bandejas, saludos, ministros, embajadores, empresarios, sonrisas, majestades, príncipes, presidentes, camareros, doncellas de negro con inmaculado delantal blanco, altos militares, fotógrafos, cámaras de televisión, micrófonos..., un poco más allá, cómo a lo lejos pero no tanto que no se pueda distinguir, los curiosos. Una puesta en escena de poder y cotilleo sensacionalista. Eso es lo que habían vivido en primera persona los invitados y, se les notaba en las facciones, en los rostros lívidos, en el miedo. La Bolsa bajaría, eso seguro; un miembro de la realeza o un miembro del gobierno saldría por televisión y lanzaría un discurso del tipo..."Españoles, Franco ha muerto..."; los medios de comunicación se enzarzarían en un debate político, policial, sobre la seguridad, el terrorismo..., hasta que la noticia deje de vender. 
Es un asesino, en eso estamos de acuerdo, pero no es un desalmado. Tan solo amenazó al camarero y le obligó a quitarse la ropa, dejándolo atado, amordazado y encerrado en el cuarto oscuro, cualquier cuarto oscuro, los palacios están llenos de ellos, son consustanciales a su existencia cómo Dios es Uno y Trino, solo que en el caso de los palacios no es un mito: existen. Un portador de canapés observador puede escuchar conversaciones que asombrarían al periodista más avezado. Cuando llegó la Familia Real se hizo el silencio, la orquesta tocó la Marcha de Granaderos y el que más y el que menos enderezó la espalda o sacó la barriga, incluidas las damas, fueran señoras o señoritas. Volvieronse a formar corrillos, mientras los grandes personajes se acercaban a unos y otros, saludaban, decían unas palabras y pasaban al siguiente. Tras el contemporizador discurso real subió al estrado el presidente D. 
Aculeo, colocado estratégicamente tras una impresionante columna de mármol digna de un emperador o un Cesar cualquiera, sacó el tirachinas del interior del bolsillo de la chaqueta, cogió una bola de rodamiento de un centímetro y medio de diámetro de buen acero; la puso en la badana de cuero unida a la elástica goma y estiró y apuntó con sumo cuidado. El rodamiento impactó en medio de la frente a unos trescientos metros por segundo, interrumpiendo el discurso en el momento final del chiste introductorio. El presidente D cayó de espaldas, rígido y más muerto que un santo.
Ahora tocaba vender noticias y especular con el tipo de arma utilizada. En fin, más corre Aculeo que un mastín...

lunes, 10 de diciembre de 2012

2 GRAMOS

Y llegó el día de mañana con su afán. Lo primero que hizo el señor diputado al levantarse fue coger una de la jeringas, una gasa y alcohol; se sentó y se levantó la parte superior del pijama, frotándose a continuación con la gasa empapada de alcohol en un lateral del abdomen, más o menos a la altura del ombligo... Todos los días, excepto los que pasó en prisión preventiva hasta que pudo reunir la fianza, su rutina era la misma; se sentaba en el sillón, ponía la televisión para ver los informativos y se inyectaba las vitaminas. Pasaba unos minutos delante del televisor esperando a que se repartieran por su organismo, y luego pasaba a la cocina para tomar un huevo pasado por agua, dos tostadas de pan blanco, una de ellas con tomate y aceite y la otra de queso fresco, una pieza de fruta y un café con leche, templado. Tres días por semana deambulaba por algún museo, tienda o centro comercial, nunca los mismos lugares. Introducía unas monedas en un teléfono público y daba o recibía instrucciones sobre su peculio secreto. Antes de verse obligado a dimitir de sus cargos de responsabilidad las cosas eran más sencillas, pero ahora, cuando solo su madre confiaba en él, no podía delegar en nadie las tareas que antes solventaba en el despacho del ministerio con absoluta impunidad. Se había hecho rico, pero le habían pillado y ahora iba a sudar un poco cada euro que quisiera disfrutar; tampoco le importaba tanto la política, había entrado en ella como un proxeneta y obtenido su tajada, el resto le traía sin cuidado. Con esos pensamientos se justificaba a si mismo y de paso tranquilizaba su conciencia ya algo escasa. Sin embargo, algunas personas con menos escrúpulos pensaban que no debía disfrutar, ni del dinero ni de los sufrimientos y sinsabores de la vida, menos aún de sus placeres.
Empujó un poco el émbolo de la jeringa para expulsar el aire; a continuación se pellizcó una porción de la barriga desinfectada con los dedos pulgar e índice de la mano izquierda y se inyectó su contenido con la otra mano, mientras el busto parlante presentaba al invitado de la mañana. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

OH QUÉ SERÁ

Se conformaría con unas gotas de piano y el suave barrido de las escobillas sobre la batería; o quizá con una  melodía de probada y vulgar sentimentalidad. Sentir el sobrecogedor vacío bajo sus pies al volar por encima de las calles tan solo con su voluntad mientras sueña dentro del sueño que le sueña y le eleva ignorando la Ley de la Gravitación Universal. Eso fue hace tres noches porque ahora, con el trajín del cambio de domicilio, todo es nuevo y el dormir se hace de rogar en las frías noches madrileñas. Mientras curioseaba por las calles cercanas a la Puerta del Sol le vino a la memoria la primera vez que vio Madrid. Un autobús le dejó en la plaza de Ramales, cercana a la plaza de Oriente y su Palacio Real, ¿sería un Setra-Seida o algo así?, no podía recordarlo. Aquel otoño fue soleado, seco y caluroso; se acomodó en una de las mesas de la terraza del café de Oriente y tomó un par de huevos fritos con jamón, una copa de vino tinto y un café. Al acabar se repantigó en la silla y fumó un cigarrillo mirando el trasiego de la plaza a la vez que su mente divagaba por cumbres alpinas sembradas de bosques otoñales a sus pies; tan alto había subido en su ascensión que pudo ver a lo lejos, justo en la raya del horizonte, la playa de negra arena en la que se plantaron su pies sin solución de continuidad, en contraste con los ocres brumosos y el turquesa de las aguas  espumosas que rompían contra sus tobillos borrando las huellas de su caminar entre voluta y voluta de humo. Al levantarse, si alguien le hubiera observado, hubiera podido ver un movimiento en sus pies parecido al que se hace cuando se le duermen a uno, pero en realidad era la arena que se le había metido entre los dedos y pegado a la planta. 
En el Real estaba anunciada La Flauta Mágica, pero el periódico decía que se había suspendido por falta de presupuesto. A Aculeo la crisis no le afectaba, todo lo contrario, se estaba haciendo rico por culpa de la misma, inmensamente rico, tanto, que se había planteado por primera vez en su vida, jubilarse. Se levantó de la silla, sacudió los pies y palpo el arma a su espalda, bajo el cinturón. Si -se dijo-, después de este trabajo me tomaré unas semanas de vacaciones.  

lunes, 26 de noviembre de 2012

RECUERDO

Todos nos equivocamos. En el oficio de Aculeo equivocarse equivalía a fallar en cualquier sentido y significado. No podía dejar pistas de su paso por la vida, ni siquiera de un instante aislado de la misma y...,  estaba triste o eso fue lo que se le pasó por la cabeza. La imagen del cuerpo tendido en la acera cruzó su mente de uno a otro lado; danzando por todas partes. Nunca le había pasado que el recuerdo de una víctima le invadiera días después, y menos sentir esa melancolía que acompañaba a la imagen en su ir y venir entre neuronas. Probó algunos juegos mentales, se jugo unas monedas en una tragaperras, compró un diario,  pero no conseguía alcanzar la concentración suficiente para eliminar el recuerdo. Por qué no le pasaba con otros. La violencia callada y traicionera, a veces a voz en grito, no hacía mella en ninguna de sus aristas tan afiladas e invisibles hasta que te cortaba en dos y te dabas cuenta tres pasos después, cuando la mitad superior cae al suelo y mira como se aleja tambaleante la mitad inferior. Aculeo se preguntaba qué le diferenciaba de un asesino en serie... A mi me pagan, se dijo. Y le vino otra oleada de melancólica tristeza a sus ojos profanos.

domingo, 25 de noviembre de 2012

¿POR QUÉ?

Por lo que veo, piensas que hay tanta perversidad como ética en los humanos. Lo que he dicho -respondió Aculeo-, es que en ese conflicto a veces gana la perversidad, por lo que algunas personas procuran protegerse de esa actitud; son éstas últimas las que se convierten en mis clientes. ¿Te gusta el parmesano?...Si, claro que le gusta el queso, y el salmón, el tomate, la cerveza bebida, bien fría, directamente de la botella; también le gustan los juegos de farol y as en la manga, por eso escogió a Ella o se dejó coger por ella. 
Las ocupaciones de Ella la mantuvieron alejada del piso de Aculeo un día y medio. En esas treinta y seis horas no se comunicaron; desde el comienzo de la relación, hacía ya tres meses, estas situaciones eran normales. Nadie preguntaba nada. A Aculeo porque le era indiferente lo que hiciera, la había investigado al día siguiente de conocerla y no tenía nada que temer. A Ella, porque era una mujer independiente y no le gustaba depender de nadie. Ambos se habían tomado la relación como algo más intelectual y sexual que sentimental. Desde luego Aculeo no tenía ninguna capacidad para el sentimentalismo, aunque era capaz de fingir y reproducir todas las emociones. Ella si era una persona capaz de ser sincera en sus emociones, lo que fue su perdición. 
Cuando Aculeo se levantó a la mañana siguiente, Ella ya no estaba. Al ir al baño el dedo gordo de su pie izquierdo choco con el borde de la baldosa a los pies del lavabo. La levantó para comprobar que todo estaba en su lugar. Desayunó unas tostadas de pan con aceite y tomate rallado, un zumo de naranja y un café con leche bien caliente. Se marchó a correr un rato. A eso de las seis de la tarde le envío un sms a Ella, al que no respondió, así que no volvió a insistir. Cuando anocheció fue a su casa, espero dentro del coche sin perder de vista el portal, Ella no sabía que él conocía su dirección, nunca lo habían hablado ni le invitó a visitarla. A eso de las diez la vio llegar; la luz se encendió en las ventanas de la segunda planta. Aculeo fumaba un cigarrillo y escuchaba un cd de los Rolling. Le entró un mensaje en el móvil. Ella quería visitarle en una hora. Le respondió que de acuerdo. Cambió el coche de lugar, a un par de manzanas, volvió andando hasta donde vivía Ella y espero en una esquina por la que tendría que pasar para coger el Metro. Le disparó por la espalda, cuando cayó la remató en el suelo. ¿Empiezo a tener remordimientos? Pensó.

viernes, 23 de noviembre de 2012

ÉTICA Y PERVERSIÓN

Dice Philip Roth que el mal de Portnoy es "...un desorden en el que fuertes impulsos éticos y altruistas están en constante conflicto con deseos sexuales, generalmente de naturaleza perversa". 
Qué mezcla más explosiva: ética, altruismo y perversión sexual. Ojalá en mi trabajo se dieran esas condiciones entre mis clientes... Ella le mira con unos ojos que destilan ironía y Aculeo piensa en la inocencia que esconde su mirada ya que, seguramente él, era incapaz de ser irónico sin tener un verdadero conocimiento, exhaustivo, científico..., de los motivos. 
Resultó que se había encontrado a un conocido durante la sesión de ciclismo, y al volver había tenido un flash, así lo llamó, recordó haber leído un libro que inmediatamente relacionó con Aculeo, y tuvo que parar en tres librerías antes de encontrarlo; no respondió a las llamadas porque olvidó quitar el móvil del modo silencio en el que estaba, y no se percató de ello hasta que regreso a casa y encontró en la puerta al que traía la llave del portal, gracias a lo cual pudo entrar... Y cómo fue tu cita. Bien, bien, solo tenía que firmar. Aculeo se echó sobre uno de los sillones con el periódico en una mano y el libro de Roth en la otra. ¿Sabes? -le dijo-, en el noventa y nueve coma noventa y nueve por ciento de las veces sé que voy a tener éxito en todas las cosas relacionas con mi trabajo, pero ese cero coma uno por ciento de incertidumbre puede dar al traste con todo. Ella le miró inquisitiva, en silencio, solo quería saber más y lo dejaba claro en la agradable y tenaz cara que puso. Tal vez fuera eso otra de las cosas que le gustan en ella. Lo único que tengo que hacer -continuó-, es tener controlado ese pequeño porcentaje..., y saber que es. Y, ¿qué hay de Portnoy? Aculeo soltó una carcajada bienhumorada antes de responder. Ella, mis clientes suelen ser como dice Roth, cosa que me conviene, pues en ese conflicto entre ética y perversión no siempre gana el mismo, y a mi me conviene que la perversión salga triunfante de cuando en cuando. Por eso compran seguros y se los vendo.
Se levantó del sillón y fue a la cocina donde preparó unas tostadas, salmón ahumado, unos tacos de parmesano y unos tomates con aceitunas negras. Sonaba una tenue melodía. En la televisión dieron la noticia  de un hombre encontrado muerto de un disparo en la frente. Ella dijo algo sobre el queso y los asesinos a sueldo.

jueves, 22 de noviembre de 2012

¿QUIÉN ES EL MUERTO?

Al salir a la calle la llamó por el móvil. No hubo respuesta y le volvió a enviar un mensaje de texto. Paró un taxi con el que recorrió la probable ruta que Ella iba a seguir con la bicicleta con la clara intención de encontrarla, le hizo otra llamada sin respuesta. Al mismo tiempo se preguntaba que demonios hacía buscando a una mujer que conocía de hacía nada, con la que mantenía un relación cuando menos extraña, o más extraña que el común de la regla. ¿Había tenido un arranque de preocupación y ternura?, ¿o era que le molestaba la incertidumbre? Le dio al taxista una dirección concreta a la vez que le enviaba otro sms a Ella para decirle que ha estado buscándola y que marcha a una cita de trabajo. Paga al taxista y camina por la ancha acera hasta tres calles más abajo de donde se ha bajado, entra en el portal y sube al tercero, letra A. Pulsa el timbre y abre la puerta un hombre en la treintena. Aculeo le saluda y le llama por su nombre con lentitud, su mano derecha ya se encuentra sobre la culata de la sig sauer en un movimiento que semeja una reverencia ante el otro, y que lo único que pretende es desviar la atención del verdadero propósito que es sacar el arma y disparar con ella en el centro de la frente del muerto. Cierra la puerta y baja las escaleras con agilidad y en silencio. Se mezcla con la gente que camina por la acera y con la que sale y entra de las tiendas. Ha tardado dos minutos en hacer el trabajo; le envía otro mensaje a Ella, y en el momento de pulsar enviar recibe otro; es de Ella. Le dice que esta bien y en casa, que ya le contará cuando el vuelva. Y se instala en medio de una sonrisa estúpida al tiempo que se sumerge por la boca del Metro.